jueves, 22 de enero de 2009

Recuerdos que no emigran

Presentación del libro Recuerdos que no emigran, de Jesús Rito García
La permanencia de la memoria
Elena García

“El cuerpo es un saco de recuerdos. / Se guardan piedras de muchos lugares, / viejos zapatos, /botellas mensajeras, /historias…”“Tengo miedo de que el rumor del mar / que escucho en mis pensamientos no regrese más, / de que mis palabras me secuestren / y me cosan los labios” (Jesús Rito García)
Jesús Rito García, “el escribano de la poesía” –como se autodefine en Recuerdos que no emigran– justifica su actividad de poeta cuando afirma: “hay días que no puedo más/ transcribo sus penas y alegrías”. Y esta transcripción lleva al lector a horizontes que tal vez no había imaginado, como darle vida a las palabras y convertirlas en materia: “De un poema de Álvaro Mutis/ un pajarillo saltó a mi mesa/…/ Quizá se perdió de hoja/ o se cansó de vivir en un poema”. Los eventos que marcan nuestras vidas y que constantemente vuelven a nuestra mente, despiertos o en sueños, se llaman recuerdos y absolutamente todos los humanos tenemos almacenados gran cantidad de ellos. Una forma de compartirlos es por medio de la poesía, como en el caso de Jesús Rito García, cuya producción poética tiene la facilidad de crear en la mente del lector las imágenes que él describe.García se volvió poeta con el tiempo y dice: “Nadie me puso el lápiz en la mano/ El tiempo me tomó de sorpresa/ y fue lo primero que encontré”. Así fue como se origina Recuerdos que no emigran, volumen compuesto por tres capítulos, el primero de ellos con el título del libro, seguido por “Sombras” y “Diálogo infinito”, todos ellos breves pero profundos pues, como dice Eusebio Ruvalcaba sobre la firmeza de los poemas, “[su] sola vista permea de curiosidad y entusiasmo nuestro espíritu; porque son piedras que con sólo miralas se pregunta uno de qué están constituidas, ¿cuál es su materia prima?”.En el primer capítulo confluyen temas importantes para el autor: el mar, los sueños, los niños, su casa y el sol, de entre los cuales resalta el que se refiere al mar: “… fue testigo de mi nacimiento/ y madre de mis pasiones”. En otro poema combina el asombro que le tiene al mar con los sueños: “El mar es tan grande/ que no pudo entrar en mis sueños”. Rito García habla poco de sí mismo: sólo en dos de sus poemas escritos en primera persona parece revelar algún dato sobre sí mismo: su edad “a mis cuarenta y nueve años/ quiero vivir y morir a mismo tiempo” o “escribo versos, /…/Envejecí muy rápido/Cuando cumpla cincuenta”. Sin embargo, el contenido de su obra es cúmulo de recuerdos, recuerdos que indudablemente marcaron su vida. El autor también demuestra en sus poemas la íntima relación que tiene con sus recuerdos, pues expresa el deseo que tiene para que éstos no emigren al olvido: “Tengo miedo de que el rumor del mar/ que escucho en mis pensamientos no regrese más…”. Sumergirse en los recuerdos es volver a vivir y el autor de Recuerdos que no emigran lo hace con tal facilidad en su libro que se puede sentir y ver en la imaginación lo que relata. Sin lugar a dudas, leerlo es una experiencia enriquecedora.

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