domingo, 27 de febrero de 2011

Palabrería: El intelectual

Palabrería


El intelectual
Jesús Rito García



¿Qué podría ser el ensayo de un ensayo? Un texto en el que después de haber estudiado las bases teóricas del ensayo, se intente hacer uno de igual manera, o ensayar, para lograr, después de muchos intentos, algo que pueda llamarse ensayo. Mientras tanto, a esto lo llamaré posible ensayo de un ensayo. “Posible” por el momento, pero imitando o basándome en estudios ensayísticos, deseo que usted lector, en un acto de buena fe (como diría Montaigne el padre del ensayo) se acerque sin temor a este posible ensayo de un ensayo, e intentemos liberar partículas del alma al dialogar.

¿Quién es un intelectual? Para hacernos esta pregunta, primero habríamos de preguntarnos ¿Qué es un intelectual? ¿De dónde proviene este vocablo? Existirían un sin fin de preguntas, pero en este caso debemos ir desmembrando poco a poco estas primeras incógnitas, y más adelante surgirán más preguntas.
La inteligencia es la capacidad de comprender o entender, tener conocimientos, esto es el principio del intelectual, es la inteligencia lo que posee, pero esta inteligencia la tiene todo ser humano. Intelecto significa entendimiento, potencia cognoscitiva del alma humana.

Si todo hombre posee la capacidad de entender o de tener conocimiento, cómo se puede hacer una diferencia entre los seres humanos para clasificar quienes entran en el término intelectual, o de hombre que piensa, que es amigo de la razón.

Antes de aparecer el intelectual existían personas que pensaban y se dedicaban a oficios afines con el intelecto, (sabios, doctos, clérigos, pensadores, filósofos...) pero no eran considerados intelectuales como en los términos modernos los conocemos. Desde los antiguos Griegos ya existía una afinidad al conocimiento, pero eran filósofos o pensadores, desde esos tiempos existía controversia con respecto a estas personas que tenían conocimiento y participaban en la polis.

En la Edad Media, a partir del siglo XII, existen algunos problemas con la denominación. Los intelectuales aparecen con las ciudades, con el desarrollo de estas, debido al desarrollo industrial y comercial. No se puede denominar totalmente como intelectual, pero se empieza a vislumbrar el oficio de éste y el punto de partida para los conceptos que tenemos actualmente. Para este tiempo, la sociedad estaba ordenada en un régimen estamental, los clérigos, los nobles y los ciervos. Los que representaban a la clase aplicada a las cuestiones del razonamiento y el saber, eran los clérigos.

A finales del siglo XII surgen las universidades independientes, ya para el siglo XIII algunas universidades como la de Oxford en Inglaterra y la de París logran independizarse de la autoridad de la Iglesia, en ese momento surge una nueva clase social que servirá para ser ese hilo fluctuante entre los estamentos. Surgen los maestros o potenciales intelectuales, ya que para sobrevivir tiene que cobrar a los alumnos por sus clases o demandar a un mecenazgo, aquel que pueda sustentar la vida del nuevo devoto de las artes. Nuevo devoto de las artes, ya que los clérigos dejan la regencia de las universidades y surge esta nueva clase de artesano del pensamiento. En este momento inicia un conflicto con la denominación de esta labor. El arte no es una ciencia, es un artefacto que crea objetos: esculturas, construcciones, palabras. Eran científicos. O sea que el arte es considerado como un utensilio y quienes lo realizan cumplen con un oficio, estos nuevos personajes realizaban el de las letras y la enseñanza.

En el Renacimiento esta libertad alcanzada por las universidades, logra un gran avance en los conocimientos, dejan las enseñanzas escolásticas y surge el humanismo, con esto el humanista se aleja del trabajo científico y artesanal que hacían los maestros, en este momento se refugian casi totalmente en los mecenazgos, los humanistas forman las academias y encierran el conocimiento. La burguesía acapara al intelectual, el origen intelectual es de un ámbito burgués. En este momento se pierde un poco el concepto de intelectual y se regresan a seguir siendo, pensadores, filósofos, astrónomos, artistas, aún no eran intelectuales.

El concepto de intelectual que tenemos actualmente, es un personaje que aparece a mediados del siglo XVIII, en el momento en el que la economía mercantil absorbe la actividad de la inteligencia, el hombre de letras deja los mecenazgos y adquiera una voz propia o del mercado libre.

El intelectual obtiene su independencia a partir de los cambios económicos y sociales en los que se nota más participativo, pero su origen burgués aún se mantiene, en este momento surgen las contraposiciones, entre una clase de intelectual con poder adquisitivo y aquellos que no lo tienen.

Al intelectual se le define por oposición a quien realiza tareas manuales, pero esta oposición solamente distorsiona las cosas, ya que hemos visto que en la Edad Media eran considerados como artesanos y realizaban un oficio, el de las letras. ¿Cualquier persona que no haga un trabajo manual es un intelectual? el secretario de una oficina pública es un intelectual al dedicarse a escribir y no realizar una tarea manual como un obrero. Para definir mejor esto, tienen que hacerse clasificaciones al respecto.

En el concepto moderno, el intelectual es aquel que realiza una especialidad, entonces un filósofo, un artista, un médico, un abogado, un físico, etc, pueden ser intelectuales. Tendremos que basarnos en algunas definiciones especificas para clasificarlos, según el diccionario de la Real Academia Española, intelectual es, “hombre dedicado a las ciencias y las letras” pero un físico por lo general no es clasificado como un intelectual y se dedica a estudiar una ciencia, mientras un escritor cuando solamente se dedique a escribir novelas, poemas... no será un intelectual o no se puede definir como un intelectual sino como un escritor.

En un término tomado de un diccionario filosófico dice que “los intelectuales constituyen una clase social intermedia compuesta por hombres que se dedican al trabajo intelectual. Abarca los ingenieros, los técnicos, los abogados, los artistas, los docentes, los trabajadores científicos...

Notamos que en los conceptos, ya se define al intelectual como un hombre que práctica las ciencias, eso quiere decir que nuestro concepto se hace mucho más amplio.



¿En qué momento se define a un intelectual? Hoy por la radio he escuchado que un grupo de intelectuales, entre ellos, unos escritores muy destacados firman un desplegado en apoyo a Cuba.

¿Sólo los escritores pueden ser intelectuales? Seguramente habrá algún médico de profesión o un abogado que también firme ese desplegado, pero sólo mencionan a los escritores; entonces existen dos posibles respuestas: un intelectual no solamente es una persona que se dedica al estudio de las ciencias, casi podríamos asegurar que esta acepción, según la sociedad de nuestra época, es dada absolutamente a los escritores.

Entonces por qué la gran mayoría de los escritores del siglo XIX y del XX, que no se dedicaban exclusivamente a escribir, sino que eran abogados, médicos, periodistas, ingenieros, académicos de profesión, eran tomados por intelectuales. No todos los casos eran así, ya que hubo un sin fin de escritores que no tenían esta denominación, sólo a los que participaban en movimientos sociales, (como en el caso anterior, en desplegados, opiniones en la prensa) o de esta índole eran llamado intelectuales.

En tal caso, una de las cualidades para ser llamado así debe de ser que participen en la comunidad con sus opiniones y reflexiones acerca de la vida social o de un caso específico del ámbito social. Pero al decir comunidad, no sólo nos referimos a la población donde habitan o al país. Por qué un sin fin de veces escuchamos que dirigen sus opiniones, no sólo a su país sino a otros países, como en la noticia escuchada en la radio con relación a Cuba, nombraron a dos escritores de distintas nacionalidades.

Otra de las cualidades del intelectual es que no solamente tiene que hablar de problemas sociales de su comunidad, sino que puede opinar sobre problemáticas de otras latitudes, entonces es universal, esa es una cualidad más para esta denominación.

Haciendo una síntesis, hemos llegado a una posible conclusión en las cualidades del intelectual de nuestra época; primero debe de ser alguien que domine alguna rama de las ciencias y las artes; segundo, no solamente debe de tener una profesión o especialidad sino que debe de ser una persona que emita opiniones acerca del ámbito político y social; tercero, pero estas opiniones no pueden ser exclusivamente refiriéndose a su país o a su población. Pueden ser opiniones sobre cualquier nación, ser universal.

Definido el concepto de intelectual, podemos hacer un breve análisis de cual es la posición de los intelectuales en la sociedad. La sociedad ha perdido el rumbo de sus intelectuales, ahora no sólo llama intelectual a un escritor, sino es posible que un líder social, tenga esta denominación por tener el cariño de la gente y decir dos o tres frases eruditas. El intelectual ha perdido contacto con la sociedad, ahora son especialistas.



Durante el siglo XIX, el ensayo fue el género más fructífero en América, podría decirse que fue el género exacto para expresar las ideas de las nuevas naciones, el ensayo es la voz de los más grandes intelectuales de América y la formación de estos y sus naciones. ¿qué sucedió con esas voces que forjaron los ideales de nación?

Alfonso Reyes en su ensayo posición de América habla de las homogeneidades de América, “la suerte de América ha permitido que, entre nosotros, aún el especialista se vea más imperiosamente llamado que su colega europeo a no abandonar su profesión general de hombre, a ser con mayor frecuencia educador, legislador y político, a mantenerse en relación más constante con la media calle”.

Estos especialistas o intelectuales activos de los que habla Reyes se desvanecieron con las generaciones subsecuentes, ahora sólo existen especialistas y nadie quiere intervenir y tomar el verdadero membrete de intelectual, sólo se conforman con enviar notas a la prensa y firmar desplegados.

Con el Modernismo y la idea de ser ciudadano del mundo se inició la transición del intelectual activo, preocupado por su entorno social, a un intelectual pasivo, aquel que sólo le llama la atención las cuestiones estéticas. Esta era una crítica que les hacían los miembros de la denominada generación del 98 a los modernistas. Los noventayochistas se propusieron reformar y rehabilitar el estado anímico de su país, algunos entraron en la escuela modernista, pero por la búsqueda de un ideal y no sólo la belleza estética.

Después siguieron las vanguardias que en toda América hicieron eco, las vanguardias representaron ese destierro por los temas locales, y sólo se dedicaron a crear nuevas formas estéticas sin fijarse en su entorno.

En México fueron los Contemporáneos, los que cambiaron el formato del intelectual que se venía forjando de finales del siglo XIX, ya no eran aquellos que participaban en la vida política y cultural del país, sino que sólo se ampararon del poder como manera de sobrevivir, se transformaron en intelectuales orgánicos.

La globalización es cada vez más evidente y está llegando a todos los ámbitos. El intelectual es unos de los primeros que ha sido tocado por ello, por su carácter de universal y cosmopolita, pero sólo ha decidido ser ciudadano del mundo, por la necesidad de información, se ha transformado en un ser pasivo que sólo acumula información para un beneficio personal, ha abandonado su función social y comunitaria. Ha abandonado su propia voz por volverse un aparato del conocimiento, no sólo no retoma el concepto medievalista del oficio, sino que abandona todo contacto con su entorno.

La función social del intelectual se abandonó en América, principalmente en México por la idea de pertenecer a un modelo distinto de los anteriores esquemas, se busca un concepto en el que el arte sí persigue fines lucrativos, los especialistas se han encerrado en una cápsula imposible de penetrar o de escapar.

Julio Cortázar en su ensayo El intelectual y la política propone un intelectual activo, que sea digno de ser denominado de esta manera, el intelectual por su labor, tiene que ser sólo un observador de los hechos, pero tiene que ser un informador fiel a los hechos y con opiniones más participativas que contemplativas, Cortázar pide una voz de la sociedad que se manifieste desde el respaldo de la pluma del intelectual, pero ante todo un intelectual que se interese por la vida política y social.

Lo que hemos visto a lo largo de este ensayo, son los cambios sufridos por el personaje denominado “intelectual”, desde la posible explicación de sus orígenes, sus transformaciones, de ser sólo un técnico del lenguaje a un educador, legislador y político, como dice Reyes, hasta llegar a las supuestas especialidades, en las que se han encasillados.

¿Cómo define la sociedad al intelectual? Ahora, la sociedad lo define por un modo de vida y una clase social que se ha posesionado de este término, que sólo lo adorna con los medios de comunicación, al igual, las demás especialidades que mencionamos, han abandonado cualquier posibilidad de participación, sólo le han dejado este papel a los artistas, hacen a un lado cualquier tema que no sea de su ámbito.

Qué sucederá con el papel del intelectual ante una sociedad que no reclama nada. Acaso sólo el “intelectual” será un membrete para decir artista o creador, y se eliminarán los conceptos forjados para este término a través del tiempo. La indiferencia de ambos, tanto de la sociedad como de los mismos intelectuales nos llevará al naufragio, ya que sin un mástil ni sextante en este mar abierto, que es el mundo. Cualquier ventisca por ligera que sea nos anulará la posibilidad de llevar una travesía estable, para que en el futuro podamos encontrar algún puerto seguro.

Mientras tanto, que se siga creyendo en aquellos que se hacen llamar intelectuales y se esconden detrás de sus escritorios sin correr la pluma para hablar por una sociedad callada que no exige nada a aquellos que se roban el conocimiento para provechos personales.

Por el momento las olas no se elevan a más de tres metros, pero cuando el viento cambie y los toneles de agua se hayan roto, nadie saldrá en busca de provisiones, porque aquellos que tienen las armas del conocimiento sólo contemplan sus rostros en los espejos, sin encontrar nada.

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