lunes, 7 de marzo de 2011

Palabrería: La limpieza y la literatura

Palabrería


Hay domingos que me da por pensar en cualquier cosa

A Delphine Verheyde




Jesús Rito García

Todos los temas que nos podamos imaginar pueden ser parte de una novela, un relato, e incluso un poema. Todos los temas pueden incursionar por la mente de un escritor. Aunque abordarlos es lo difícil, ya que se necesita tener un cierto conocimiento del tema.

Es difícil entender la relación de la limpieza con la literatura. Aunque en todo momento se demanda la limpieza en un texto, que quede lo menos confuso para el posible lector. Por tal motivo, siempre se está pendiente de la sintaxis, o de las reglas gramaticales. Aunque no siempre se logre.

En este caso, podemos preguntarnos si el entorno influye en las letras. Por ejemplo, uno intenta hacer la limpieza de su pequeño cuarto, mientras va moviendo la escoba de un lado para otro, levantando las sábanas, moviendo los libros apilados en el buró, tirando los papeles inservibles; de pronto, se te ocurre una buena idea para un escrito. En ese momento no sabes si continuar tu labor de limpieza o tomar rápidamente la pluma y el papel para que la idea no se vaya con la basura. Y pueda quedarse como el polvo que siempre se cuela por todos lados.

Si tomas la pluma y el papel y decides comenzar tu labor creadora, abandonarás tu tarea de limpieza. Aunque en un primer plano, podemos decir que importa un bledo, si la basura y el polvo se siguen acumulando y tu madre, la casera o tus vecinos te piden, que por favor, ya tires esas dos enormes bolsas que inundan de un olor fétido toda la cuadra. Puedo estar exagerando, pero alguien te puede pedir que te deshagas de tanta inmundicia acumulada. En el caso de que vivas con tu pareja, tu mujer te puede correr de la casa y promover el divorcio necesario, por cochino.

Pero escribir un pequeño relato o un poema, e interrumpir el aseo de casa, es asunto que muy pocos entienden. Lo primero que te dirán es que eres el holgazán más grande del mundo y que la literatura la tomas como pretexto para no hacer nada. Cuando no estás leyendo, estás escribiendo y nadie te debe distraer, para que la musa (¡Oh, mujer ideal que se postra ante uno, a la hora en que todos te abandonan!) te dicte sus mejores frases y las plasmes ante una hoja en blanco.

Hay ocasiones en que bien puedes hacer el aseo de toda la casa y la cuadra entera. Principalmente los días en que no tienes ganas de leer ni escribir. Pero eso no sucede siempre. En esos días, eres el mejor hombre, eres el verdadero poeta del mundo. Pones música a todo volumen y los vecinos por fin ven acción en esta casa. Su educación musical se amplía un poco, al escuchar música diferente, la más poética, o la más alternativa. Todos saben que un poeta está limpiando su aposento y los polvillos de la imaginación salen por todas partes, las ventanas por fin se abren y dejan respirar el aroma de la poesía. La gente pasa frente a su casa y lo saluda con alegría. El mundo es perfecto.

Pero la limpieza y la literatura pueden ir de la mano. Uno puede mantener limpia su habitación o la casa entera. Siempre hay tiempo para todo. Mientras uno limpia la casa, va observando cómo el tiempo hace de las suyas con los objetos que más queremos. Por ejemplo, le das una limpiadita a tus cuadros favoritos y te das cuenta que aquél marco que tanto te gustaba, cuando recién lo mandaste a hacer, ahora resulta que la laca que le pusieron a la madera, era de mala calidad y se opacó. También es interesante que mientras vas limpiando, te deshaces, o rescatas aquellas servilletas o papeles con apuntes que realizaste mientras estabas en la reunión de trabajo, o cuando ibas en el camión. Alguno de estos pedazos de papel puede ser el inicio del poemario que siempre quisiste escribir. O la frase exacta del personaje de tu novela. Otra cosa interesante que sucede cuando limpias tu espacio de trabajo, es que te das cuenta que tu labor creadora, aunque la veas tan indefensa, también puede ser causante del calentamiento global y la contaminación del mundo. Acaso la luz que utilizas para la computadora y la que ilumina tu conciencia en esas noches de insomnio literario ¿no perjudican al ambiente? Pues claro que sí, lo mismo sucede con el papel que utilizas. Obviamente nos es lo mismo, que mil poetas en todo el mundo intenten crear literatura en un mismo instante, a cien empresas generando toneladas de basura y lanzando gases tóxicos al ambiente. No se compara, pero a menor o a mayor escala, estamos haciendo lo mismo.

Otro asunto importante es el aseo personal. Hace muchos años, aún todavía, se tildaba al poeta o creador como una persona desaliñada, alguien a quien no le importaba si sus calzones llevaban una semana sin lavarse o si la caspa era parte de sus vestimenta invernal. Pero no siempre ha sido así. Imagino que el buen Netzahualcóyotl escribía poemas mientras se bañaba en las aguas cristalinas del río, en esos momentos, dictaba sus versos a la naturaleza. Pero que uno decida esperarse un poco para bañarse, por estar escribiendo algo, se justifica. No podría perdonar que alguno de nuestros grandes poetas no escribiera sus mejores poemas, por estar en la ducha o lavando su ropa. Eso sería imperdonable. Mil veces prefiero a un buen poeta apestoso, que a un pulcro poeta mermado. No es que sea una regla, pero es imperdonable que se pierda un instante de creatividad por la limpieza.

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