miércoles, 13 de abril de 2011

Palabrería: El cuerpo y la búsqueda del ser en lo femenino


Palabrería


El cuerpo y la búsqueda del ser en lo femenino

Jesús Rito García.

[...]ningún hombre me conmovió -hasta que la marea cubrió
 mis inocentes zapatos,
llegó hasta mi delantal –
hasta mi cinturón,
traspasó mi corpiño-

Emily Dickinson.



El estudio de la escritura femenina y el cuerpo femenino es un tema principal para los estudios de género, como dicen algunas críticas: “la escritura femenina proviene del cuerpo, que nuestra diferencia sexual es también nuestra fuente”[1]
            La búsqueda del yo y del ser a partir de la escritura y esencialmente de la descripción del cuerpo, nos demuestran que las mujeres no buscan describir ningún elemento externo, sólo desean describirse a sí mismas, en la búsqueda de esos elementos vedados por la tradición. Estos elementos son aquellos que fueron impuestos por las teorías biológicas creadas por el pensamiento masculino, que las privaba  del “razonamiento” que decía que las mujeres tenían un cerebro más pequeño y cosas que seguían estas líneas de estudio: “los antropólogos victorianos creían que los lóbulos frontales del cerebro del hombre tenían mayor peso y estaban más desarrollados que los lóbulos de la mujer, y que, por lo tanto, las mujeres poseían una inteligencia inferior”[2];
Otra de las áreas vedadas a la mujer, fue su sexualidad; a partir de ésta han sido controladas o sometidas de alguna manera y sólo tiene derecho a la reproducción, cómo lo explica Nara Araujo: “las mujeres se convierten en ‘medios para el uso sexual’ no solamente por el lugar que ocupan en la producción –sin duda determinante- sino por otras razones de orden cultural: el concepto de virginidad –la exigencia de llegar al matrimonio virgen-, el peligro de embarazo”.[3]
No sólo estas limitantes han sometido a las mujeres, también participan el sometimiento religioso “(la debilidad de la carne) y las morales (la inocencia, haberse mantenido fuera del sensualismo; el pudor el decoro)”.[4] Existen otras limitantes que a lo largo de la historia han sometido a la mujer, por lo tanto, ahora la escritura femenina está en busca de su reconocimiento y de alguna forma de eliminar sus limitantes: “Para vivir una vida plenamente humana, necesitamos no sólo controlar nuestros cuerpos [...] debemos tocar la unidad y la resonancia de nuestra cualidad física, el territorio corporal de nuestra inteligencia.”[5]
Hablando de la crítica feminista, que intenta ser biológica y analiza desde el cuerpo, la parte intimista que esto representa, además que para estos el cuerpo es la única forma de liberarse y expresarse, ya que “al no tener libre uso de la acción y de su cuerpo, toman la escritura como lo único que tienen cerca del cuerpo con una sensualidad agónica.” Esto les llevaría a buscar una forma propia de expresarse, sin tener que seguir la ruta de la escritura masculina.[6]
En otras palabras, como lo decía Rosario Castellanos: “escribir como una mujer no significaría, entonces, escribir mal, sino escaparse del falocentrismo que ha caracterizado nuestra manera de ser ajena al discurso masculino dominante”[7]
Aunque existe la corriente biocrítica que dice “es peligroso colocar al cuerpo en el centro de una búsqueda de identidad femenina” ya que colocándolo en esta situación, existe pie a que estas diferencias sean utilizadas, como lo han sido hasta ahora para manifestar la supuesta inferioridad o marcar la diferencia que existe entre lo masculino y lo femenino. Para algunos críticos en la escritura femenina  debe buscarse  “el cuerpo de la escritura y no en la escritura de su cuerpo”. [8]
Nos damos cuenta que la crítica toma dos posturas, las que ven al cuerpo como una forma de ventaja para la expresión y otra como desventaja. Podemos decir que el recurso del cuerpo ha sido utilizado de manera natural y no ha sido, por el momento, para las escritoras causa de controversia, sólo en la crítica. Aunque el proceso de escritura en las mujeres ha cambiado sustancialmente, e igualmente, de manera natural están dejando a un lado el tema del cuerpo como elemento principal de su escritura, “la literatura yoista, intimista, intimista de las mujeres, fue interesándose en su entorno social, pero sin desinteresarse en la interiorización”.[9]
Pero esto no quiere decir que el cuerpo sea una manera de identificación de la mujer consigo misma, aunque en algunos casos sea utilizado como causa de diferencia, también puede representar un punto de partida para que la escritura tenga una marca propia, ya que anteriormente “a las mujeres, pues, no les estaba permitida ni siquiera la denuncia. Su único público interlocutor eran ellas mismas. La sola posibilidad que les quedaba era la queja”.[10]
A través de estas quejas, la mujer se buscaba en sí misma y se preguntaba cosas que sólo ella misma se podía responder. Y todo esto se encontraba en su propio cuerpo, esta comunicación que necesitaba no la establecía con la sociedad, como sí es la búsqueda de la escritura masculina.
Con respecto al cuerpo como elemento de identidad en la escritura femenina, también debemos considerarlo como parte del mismo lenguaje femenino, o sea, como forma de expresión en la que no es necesario concentrarse en el lenguaje que siempre ha sido utilizado y controlado por lo masculino. De esta manera las formas de silencio se deben a que el lenguaje ha sido manipulado y controlado por lo masculino, dejando como forma ideal el lenguaje masculino.[11]
En la crítica literaria femenina se insiste que el lenguaje femenino es interior, es en búsqueda de su conocimiento y aprendizaje, o sea el aprendizaje de su propio cuerpo. El estudio feminista ha tratado de superar la etapa en la que se encerraba a la escritura de mujeres cómo un espacio cerrado, cuando hoy en día vemos estudios y escritos en los que las mujeres tratan de superar ese mismo espacio en las que han sido enclaustradas para buscar temas y elementos externos.
           



[1] Elaine Showalter, “La crítica feminista en el desierto”en Textos de teoría y crítica literarias, UAM-I, México, 2003, p. 609.
[2] Ibid. P. 611.
[3] Aralia López González, De la intimidad a la acción, la narrativa de escritoras latinoamericanas y su desarrollo, México, UAM-I, 1985, p. 54.
[4] Ibid., p. 58.
[5] Adrianne Rich, cit. por  Elaine Showalter, art. cit., p. 611.
[6] Aralia López González, op. cit., p. 33.
[7] Rosario Castellanos, cit. por, Brianda Domecq, en Mujer que publica... Mujer pública, ensayos sobre la literatura femenina. Diana, México, 1995, p. 102.
[8] Elaine Showalter, art. cit., p. 613
[9] Aralia López González, op. cit., p. 40.
[10] Ibid., p. 35.
[11] Showalter, op. cit., p. 633

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