jueves, 28 de abril de 2011

Palabrería: Las vacaciones y el danzón

Palabrería
Las vacaciones y el danzón

Jesús Rito García
A mi madre: Teresa García Salinas

Para Ale GraVas

Bailen y bailen
bajo el sol quemante y delirante.
Yomero


Escucho la rica tonada de un danzón que suena a lo lejos. Reconozco algunas de las melodías: Rigoletito, Palmeras cubanas, Nereidas y otras más. Es tan delicioso estar sentado en el patio de casa viendo la tarde pasar. No cambiaría nada por este momento: el calor, el viento que refresca y los olores que inundan el ambiente. Ni siquiera el libro de mi poeta favorito. Puedo jurarlo.
Por estas fechas, los árboles de mango están bien cargaditos y no queda otra opción que sentarse en la hamaca de casa, platicar con mamá y comer mangos. Embarrarte hasta los codos del delicioso jugo, escuchar las historias de mis hermanos, sus vidas y sus triunfos. También ver a los sobrinos correr por la casa como loquitos inquietos.
En este momento desaparece la literatura de mi mente, sólo recuerdo vagamente el estante de libros que siempre estarán esperándome. Sé que cualquiera de las historias que pueda escuchar por estos días superará la ficción de todos mis libros. No puedo negar que la mayor de las veces prefiero mis libros a cualquier cosa, a tener un lujoso auto, a tener una linda casa. Sé que todo eso es posible y válido. Necesitamos cumplir con las necesidades para poder sentirnos satisfechos; pero mi necesidad más grande es conocer más y más historias; esas que cuentan los poetas y que yo intento plasmar en mi poesía. Ser poeta es repetir lo que otros dicen. No más.

Aunque en esta ocasión prefiero hablar de los días de calma en casa, junto al limonar y los mangos. De lo tropical que es mi pueblo. Y de lo especial que es estar en casa. Cuando visito a mi madre, no me gusta salir. Me gusta escuchar lo que sucede a partir de sus palabras; de los que se fueron y de los que nacieron. No hay más que saber.

Mientras intento escribir esto, me escurren algunas gotas de sudor por la frente; aunque acabo de salir de la ducha, no es posible dejar de sentir este intenso calor. Por eso T. S. Eliot decía que el mejor lugar para escribir es Inglaterra, ya que el frío no hace más que tenerte encerrado y pensando. En cambio, el calor no te deja pensar; te enloquece.

Es preferible estar junto al mar, o cerca del río. No saber nada de libros y literatura. Hablar de frases eruditas o sesudas. Eso quedará para otra época del año. Para cuando vengan las lluvias y nos encierren en casa a escuchar la radio y ver desde la ventana las tardes pasar. En esta ocasión es diferente. Ahora hay danzón y mangos. Ahora los días pasan lentos y no hay trabajo que realizar o historia que inventar. A los periódicos nadie les hace caso, son aburridos y hablan de cosas que nadie quiere saber; la televisión da asco. Es preferible escuchar la sempiterna historia de las tías, de cuando eran jóvenes y sus padres las llevaban al mar y los juegos mecánicos durante la Semana Santa. Eso es lo que me gusta escuchar en estos días. A parte de los danzones sinfónicos que se escuchan a lo lejos durante estas vacaciones.

Sé que estas vacaciones no regresarán nunca más y los sobrinos dejarán de jugar por el patio. También sé que algún día no estaremos todos para contarnos historias. Y que será difícil olvidar el olor a mango, la voz de mi madre y el rico danzón de esta tarde en casa.

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