sábado, 30 de abril de 2011

Somos usufructuarios de la palabra


Fragmento Poscorriente (00000000000000000000000.1)


Anónimo

Actualmente no hay nada que buscar, y no interesa saber quién habla o quién escribe. El poscorrientismo absoluto es la nada de todos. ¿Quién dice que somos lo que somos, si el mundo ya existía cuando nacimos y las palabras no son nuestras, porque todos las usamos? Así que no importa eso llamado autor o nombre propio. ¿Acaso las palabras "flor" o "viento" tienen autor o dueño? Nada nos pertenece. Somos usufructuarios de la palabra y de las voces que llenan el silencio del mundo.
La originalidad es un lastre que nos detiene desde hace tantos siglos. Muchos artistas buscan la originalidad en todo momento, a sabiendas que en nuestro mundo lo nuevo y original resultan ser el invento de unos cuantos, para limitarnos a todos. El mundo no cambia ni es más veraz ni más activo, ni más complejo; simplemente vamos acumulando más y más elementos inservibles, que sólo es cuestión de irlos acomodando; como tantos otros maestros lo han hecho lo largo de la historia. En el caso de la literatura. Podemos decir que debe de ir dejando a un lado cada una de las poses que nos atoran. El creador, de manera individual, en solitario redacta sus historias e ideas. Pero acumula de la vida misma todos los temas, desde los libros que va leyendo y los momentos históricos que lo acompañan. O sea, sigue una tradición. Por eso de vez en cuando debe de dejar su madriguera maltrecha para vincularse con los demás. La creación no es un acto de soledad, es un acto para socializar, sin enaltecer la mamonería de lo original. Por eso se deben abandonar cada una de las palabras que nos separen de todo lo que circula a nuestro alrededor.
En el poscorrientismo se habla de poesía, de música, de cine, del arte en general, pero como algo natural. Sin una originalidad que nos someta.
En la edad media, los juglares iban de pueblo en pueblo recitando y contando historias, y a nadie le interesaba saber quién era el creador de dicha hazaña o leyenda. Lo que importaba era la historia en sí. Ya en el renacimiento, con la búsqueda del ser, los hombres fueron más y más individuales. Es verdad, nacimos solos y moriremos en el olvido. Sólo las palabras no sobrevivirán, por eso no es necesario salir al mundo y gritar nuestros nombres, porque de nada sirve tener una enorme estatua en el centro de una plaza pública si nuestra voz se pierde en la conciencia de la gente. Por eso el poscorrientismo boga en aniquilar la personalidad y crear un ente masivo, un poscorrientismo absoluto que es la nada de todo.

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