martes, 9 de diciembre de 2014

Henry de Toulouse Lautrec / Por Juan Jorge Bautista Gómez

Henry de Toulouse Lautrec

Juan Jorge Bautista Gómez

http://youtu.be/aAE6pzRRByk



Lautrec, el gran artista francés, que según desinformados comentaristas, le reprochan haber tirado su vida y genialidad en la displicencia y en la inercia licenciosa, más esto no es así del todo.
Si bien el gran pintor de la modernidad, pasó sus días azules entre bailarinas, cabarets, prostitutas, jugadores y profesionales etilistas, lo cierto es que desde éste ambiente, bien “devengó el pan”, aunque viniendo de una familia acaudalada, esta vorágine de la productividad capitalista no pertenecía a su plan de vida.
Varios cientos de obras en tela y papel en diversas técnicas como el óleo, el acrílico, el pastel, el carbón y la acuarela, además de obras la gráficas, han sido documentados al día de hoy, lo cual deja en la lona esa presunción de que el genio desperdicio su agudeza.
Más allá de ello, los contextos en los que se instalaba el creador, eran los que él mismo se procuraba y le interesaba conocer con intensidad, y no sólo acudía a los mismos como aficionado, turista o visitante ocasional, no, él era parte del contexto, se incorporaba e integraba a la algarabía de la vida bohemia, y no solo compartía el espacio de trabajo, sino además comía, bebía, vivía y dormía en y con el mismo.
Lautrec, así, era parte de ese propio contexto, formaba parte del mismo, y por ello logró comprenderlo, disfrutarlo y sufrirlo, a grado tal de que sus obras que reproducen la imaginería del cabaret y la bella época parisina, son únicas en su tipo y al día de hoy son insustituibles en la historia del arte.
El método de trabajo de éste artista es sumamente interesante y particular, pues propiamente era una especie de metodología de orden etnográfico, en donde el experimentador, el investigador, el artista, va, se inserta, se involucra y se vuelve sin notarlo parte del propio proceso de su creación.
Lautrec no era un artista que ocasionalmente se paraba frente a sus modelos y tiraba líneas con la sola frialdad de la habilidad manual, no, él no tenía modelos estrictamente, su vida diaria estaba rodeada de modelos, así, el genio modernista no tenía la necesidad de asumir posturas postizas o teatralizantes, su desarrollo en cuanto artista y creador era por decirlo de algún modo altamente vivencial y sociologista.
Quizá sin intención de ello, él inaugura esta forma de ser artista, no ya en un taller apartado de la mundanal realidad plasmando poses postizas y estilizadas, o pintando paisajes a cielo abierto, o reproduciendo naturalezas muertas intencionalmente montadas.
Lautrec fue un artista que reprodujo sus contextos con la máxima realidad; en sus figuras, si bien se notan la festividad suelta, la risotada desparpajante, la alegría etílica, la mundanal pasión, la grotesca bacanalidad y la bullanguería en desenfreno; también se pueden leer en sus obras, la carga pesada que es la vida después de una trasnochada, la explotación del gremio del entretenimiento,  la marginalidad de clase, la tristeza, la soledad de la bailarina, el bufón y el saltimbanqui.
Quizá esta necesidad por reproducir las caras de la realidad humana con toda naturalidad y crudeza, le venga al genio como una necesidad de sublimar sus propios problemas de salud y motrices, producto de la endogamia de sus ascendentes y de su vida entregada a la bohemia.
Así, Lautrec es un artista que no solo retrata personajes, sino que, en sus obras se representa una época, un momento urbano, una situación social, un modo de ser, una forma de existir, una forma de manifestarse, así, se trata de un analista de su medio. Y es que, el artista comprometido, no puede quedarse satisfecho con la simple representación de formas y colores, sino que, debe poseer la cualidad para construir con sus obras observaciones y críticas que sean enriquecedoras de la realidad de su época. Es decir, el artista no sólo debe concebirse a sí mismo como un productor de estética, sino que ha de comprometerse además con la ética.
Y este compromiso ineludible lo ha realizado éste maestro creador con gran prestancia, y gracias a esto, las generaciones que tenemos el privilegio de conocerle y de conocer su obra un siglo y medio después, podemos constatar con cierta naturalidad el gran poder del arte. Gracias Lautrec por tu entrega apasionada en esta vida.






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